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El salmo 133 y la interpretación cabalística de la barba de Aarón

Por el rabí Yehuda Ribco.

Se ha escrito mucho acerca de este mismo [Salmo 133 en particular por los Masones], pero incluyendo quizás muy poco por ellos sobre el significado de la “barba”, así como la interpretación en su contexto de la locución “la barba de Aarón”. Por lo que le sugiero que releamos juntos ese texto y luego ofreceremos algunas explicaciones al respecto.

“[Canto de ascenso gradual. De David] ¡He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!

(2) Es como el buen aceite sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras.

(3) Es como el rocío del Jermón que desciende sobre los montes de Tzión [Sión]; porque allá ordenó Hashem bendición y vida eterna.”
(Tehilim / Salmos 133:1-3)

Aquí les ofrezco una interpretación cabalística, y la buena interpretación mística incluye todos los aspectos. Así que intentaremos profundizar concisamente sobre este mizmor -salmo.

“Canto de ascenso gradual. De David”

Como este mizmor comienza con la introducción shir hamaalot (cántico de ascenso gradual), es imprescindible -como siempre, pero un poco más que lo habitual- para una afiatada interpretación que sea contextualizado, atendiendo a los mizmorim adyacentes. Ese trabajo se lo dejo a usted.

“¡He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!”

¿Quiénes son los hermanos?

Tenemos varias opciones:
1. Dios y Pueblo de Israel
2. Hijos de Israel
3. Hijos de Leví dedicados a la kehuná -sacerdocio-
4. Aarón y sus hermanos Moshé y Miriam

Para este estudio preferimos la última opción, porque coincide con el texto manifiesto del siguiente versículo.

¿Qué es bueno y agradable?

Respuesta: La armoniosa unidad de los hermanos.
En la simbología mística, ¿qué representan cada uno de ellos?
Moshé (Moisés) = Intelecto.
Aarón y Miriam = Emoción.

¿Qué podemos aprender entonces?
Que mantener al intelecto y la emoción divorciados no es ni bueno, ni agradable.
Que si uno de estos parámetros predomina hasta dejar inoperante al otro, no es una unidad armoniosa.
“Es como el buen aceite”
La unidad armoniosa es como el buen óleo de olivas.

¿Cuál es este?
El que se consigue triturando la aceituna.
El que se manifiesta tras estrujar los límites de la materialidad.
El que surge a través del esfuerzo y dedicación.


¿Para qué se usaba este “buen aceite” (mishjat kodesh -aceite de unción-)?
Para dos actividades:
a- Hacer resplandecer la Menorá;
b- Ungir a sacerdotes y el aceite para ungir reyes.

¿Cuál es el vínculo entre ambas?
Sabemos que la actividad principal del Mikdash no era otra que hacer ascender las luces de la Menorá. El resto de las funciones eran secundarias, aunque importantes.

La centralidad de la Menorá se debe a que su luz ardiente manifestaba la Presencia de Dios (Shejiná), y su especial vínculo con la Bet habejirá -Morada elegida por Dios-, y con el Am segulá -Pueblo escogido.

Por lo que, la unción de reyes y sacerdotes representaba la presencia (en minúsculas) del Eterno en sus funciones, pues líderes políticos y religiosos debían tener como centro el servicio a Dios, y no metas egoístas particulares o de grupo.


¿Qué aprendemos de esto?
Que la unión de intelecto y emoción, armonioso y provechosa, debe estar dirigida a servir al Eterno y no a la consecución de vanidades.
En caso contrario, atentamos contra la dignidad que se espera de nosotros.
“Sobre la cabeza”

Aunque la unión es armoniosa, es la cabeza, la razón, la que debe conducir los pasos de la persona, y no la emoción.

Pero, repito, en armonía, sin preeminencias de una sobre otra que terminen por extinguir a uno de los aspectos, desequilibrando así el sistema.
“El cual desciende sobre la barba”
Reitera el concepto de “cabeza”, pues desciende de ella hacia la barba primero.

¿Por qué la barba?
Ésta representa la dignidad, el contacto y comunicación respetuosa y digna con los semejantes.

Tenemos entonces que el aceite (espiritualidad) se derrama sobre el pensamiento, y de este desciende hacia la relación con el entorno y el prójimo.
Espiritualidad sin acción en la realidad, es vacío.
Acción sin espiritualidad, es vanidad.
Pensamiento por sí mismo, es una cáscara.
Pensamiento sin emoción (y viceversa), es desequilibrio.

“La barba de Aarón”
Se identifica a Aarón para que comprendamos lo que hemos expuesto hasta ahora.

Y para recalcar que Aarón todo lo que hacía, tanto en su servicio especial al Eterno como Sumo Sacerdote, o en su guía del pueblo, lo hacía por amor, y no por intereses ulteriores.

“y baja hasta el borde de sus vestiduras”
Las ropas de Aarón reciben el aceite de la unción.
Recordemos el origen de la vestimenta. Fue un regalo del Eterno, para que la humanidad (Adam y Javá) cubrieran su vergüenza y no se sintieran completamente insuficientes frente al Eterno, pues el sentimiento/reconocimiento de propia nulidad es perjudicial, lleva a la idolatría y a la muerte. En tanto que el reconocimiento/sentimiento de humildad lleva a la grandeza.

Somos nada en comparación con el Eterno, pero inmensos en comparación con nosotros mismos.

Teníamos a Adam y Javá avergonzados por su error, y por no poder huir de sí mismos, ni de Dios, así planteadas las cosas no hubieran podido seguir viviendo, si el Misericordioso no les ofrecía coberturas para su confusión por el pecado.
En tanto que las vestiduras sacerdotales eran para dar “gloria y esplendor” (Shemot / Éxodo 28:2), eran un tipo distinto de ropajes, no sólo para cubrir y permitir la vida, sino que favorecían el florecimiento de lo mejor de quien las vestía y aquellos que lo contemplaban.

Cuando el mizmor que estudiamos nos dice que el aceite llegaba hasta las ropas de Aarón, podemos comprender que cuando la persona se viste de espiritualidad, y con eso como principio, guía sus actos razonablemente, sin dudas que hallará lo que es bueno y agradable.

Pero, atención
“hasta el borde”, pues es cuestión del libre albedrío personal si dedicamos nuestra vida a lo que es positivo, o nos dedicamos a otra cosa. No surgirá como don o merced divina nuestra acción asertiva en el Mundo.

Y, como estamos a nuestra entera libertad, incluso con la mejor de las intenciones es factible que nos equivoquemos, que no estemos actuando a la altura de nuestra potencialidad. Sin embargo, si reconocemos que estamos en camino al mejoramiento, incluso ante el tropiezo no caeremos.

“Es como el rocío del Jermón que desciende sobre los montes de Tzión [Sión]“
Jermón es jomer -materia-, y el es lugar alto, frío y monumental.
En tanto que Tzión además de Ierushalaim (y más precisamente el Kodesh hakodashim -Sancta Sanctorum-) es el centro, hacía donde tienden las líneas; aunque más bajo y menos llamativo.

Así, tenemos dos representaciones contrarias pero no contradictorias en la misma imagen:
1. El rocío es material pero intangible y está al servicio ajeno.
El rocío del Jermón al servicio de Tzión.
Por lo que deducimos que lo derivado de la materialidad debe ponerse al servicio de la trascendencia.
2. Así como el rocío baja desde la altura, y el aceite desciende de lo alto, la meta de la persona debe ser puesta por altos intereses y no por la mezquindad.
“Porque allá ordenó Hashem bendición y vida eterna”.

Teniendo la espiritualidad, lo trascendente como faro, guiados por el intelecto, no divorciado de las emociones, actuando acorde a nuestra armonía interior, se nos asegura que estamos en la senda de encontrar “bendición y vida eterna”.

Terminando la breve explicación kabalística, esotérica y mística del Salmo 133, ahora veamos brevemente un poco más acerca de lo que la barba representa en el judaísmo tradicional.

Como ustedes sabrán es común que los varones judíos tengan su rostro poblado de barba casi intocada, o casi sin arreglo. Básicamente hay dos motivos para esta presentación:

Estar en mayor consonancia con el precepto que prohíbe sajar con navaja los cabellos de la cabeza.

Diferenciarse de los representantes del paganismo (especialmente de antaño), que como medida religiosa solían estar siempre perfectamente rasurados, o a veces incluso totalmente rapados y depilados (recordemos las figuras de sacerdotes en los murales egipcios por ejemplo).

O diferenciarse de aquellos que como práctica idolátrica se esmeraban en el cuidado y arreglo particular de sus barbas (recordemos los grabados babilónicos por ejemplo).

El hecho de que Aarón, el primer Sumo Sacerdote de Dios, llevara su luenga barba como señal de honor y respeto, sin dudas da una clara indicación de que los caminos de los judíos para allegarse a la deidad son divergentes de los utilizados por las naciones idolátricas. Ya que, ni siquiera en su aspecto físico tiene similitud con los paganos; mucho menos en las cosas de fondo.

Por su parte, la tradición esotérica de Israel nos instruye diciéndonos que la barba es sinónimo en el varón de “belleza y gracia”, tal como la cabellera lo es en la mujer. Y añade que los cabellos pueden funcionar como una antena para recibir cognición por parte del Eterno. (No en vano los skin-heads hacen lo que hacen…)
Es decir, aquel que mantiene una conducta acorde con la Torá y las mitzvot -preceptos-, y que guarda su cabellera facial de acuerdo a la halajá -normativa judía-, tiene a su disposición un canal de receptividad excepcional.

Claro, no siempre el canal está desobstruido, o es empleado de modo provechoso, o el resto del sistema está dispuesto para aprovechar la energía recibida; pero la opción está ahí.

Ahora que saben esto, releamos por favor con nuevos ojos Tehilim / Salmos 133:2.

Por último, el Midrash (Vaikrá Rabbá 3:6) explica la repetición de la voz “barba”.
Dios había dispuesto que Moshé (Moisés) fuera su Sumo Sacerdote, pero, finalmente (por eso del libre albedrío) fue Aarón el consagrado para tal misión.
Se podría pensar que Moshé luego sintiera culpa, o angustia, o rechazo por su hermano y la enorme responsabilidad y honor que Dios le confirió.

Pero, cuando se reitera la voz “barba” se está indicando que el gozo de Aarón fue compartido por Moshé, se nos señala que él sintió la unción de Aarón como propia, es decir, sin celos, ni envidia, ni ánimo vindicativo.
La unción de Aarón fue compartida sanamente con su hermano.
Es por eso que el Salmo 133 comienza con la unidad fraterna: “¡He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía!” (Tehilim / Salmos 133:1).

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